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Cuidados de belleza más conscientes

Existen muchas ventajas de tener ordenados tus espacios. Para mí, la más divertida es crear nuevos ambientes para manifestar el estilo de vida que uno desea allí donde nos propongamos. Cuando ordené esta vez, decidí poner especial atención en el baño, uno de mis lugares favoritos de mi casa, donde realizo mis cuidados personales. Sobre todo, por el exceso de productos que acumulaba dentro.

Me quedé sólo con los de uso diario imprescindibles y me deshice de todos los que contuvieran químicos derivados del petróleo. Lo mejor fue crear un rincón especial para mis productos de belleza. En especial para mis aceites vegetales, que son una excelente opción para dejar de usar cosmética industrial.

Llevo muchos años usando aceite de argán para cuerpo y cara, por sus propiedades antioxidantes y rejuvenecedoras. Es considerado tradicionalmente una joya de la belleza. Por raro que parezca, no deja aspecto graso y aporta nutrientes esenciales para las células de la piel. El aceite de argán penetra rápidamente en la piel dejándola hidratada y nutrida. Perfecto para uso diario en uñas, cara, cuerpo y cabello.

Este aceite lo suelo utilizar mayoritariamente para el rostro. Para el cuerpo me gusta mucho el aceite de rosa mosqueta. Activa la regeneración de la piel, mejorando su elasticidad. Ideal para estrías y manchas de la piel. Ayuda a atenuar los primeros signos de envejecimiento.

Por lo general, busco aquellos aceites que tengan certificado bio y que estén prensados en frío. También es muy importante que vengan en recipiente de cristal. Si es oscuro mejor, para que conserven todas sus propiedades de la oxidación de la luz. Y si, además, vienen con una pipeta cuentagotas de cristal mucho mejor, porque así puedes echarte la cantidad necesaria.

Otro producto que ahora tiene un lugar importante en mi baño es el jabón natural. Es un cambio importante que he adoptado en los últimos meses. He dejado a un lado los botes de plástico y ahora hago uso de la pastilla de jabón de toda la vida. Al principio no me convencía ninguna, porque me dejaban la piel muy seca. Es por eso, que es importante encontrar la que más se adapte al tipo de piel que tenemos. Las que mejor me van, son los que tienen como base el aceite de oliva o aceite de coco.

Para uso diario he incorporado el jabón de Alepo. Se trata de un jabón vegetal a base de aceites de oliva y laurel. Algunas fuentes afirman que se trata del primer jabón sólido del mundo y el antecesor del jabón de Marsella. Desde hace más de 2000 años se elabora de manera artesanal en la ciudad de Alepo, al norte de Siria.

Es un producto natural y biodegradable elaborado sin colorantes, sin conservantes, sin perfumes ni productos químicos. Es especialmente beneficioso para pieles sensibles con problemas de psoriasis, dermatitis, acné o eczemas, por sus propiedades antisépticas, antiinflamatorias y antioxidantes. Se puede usar para la piel de todo el cuerpo, como champú y como espuma de afeitado, teniendo especial cuidado con que no entre en contacto con los ojos.

Su capa exterior es de color marrón, pero su interior es verde. Esto se debe a que el jabón se corta y se deja secar en bloques apilados durante meses, mínimo 9. Voy alternando el Jabón de Alepo con otros que tengo. Es la mejor manera de aportar suavidad e hidratación de manera mucho más efectiva, sin tener que aplicar diariamente algún aceite o crema.

Desde que lo uso, mi piel tiene un aspecto mucho más sano y natural, y con mayor luminosidad.  Además, tiene un componente de consciencia medio ambiental, relacionado con la nueva actitud de «cero residuos» o «zero waste«. Esta nueva postura me ha permitido reducir el consumo de plástico de los botes de los jabones líquidos convencionales. Es mucho más cómodo, sobre todo para viajar es la alternativa ideal.

Procuro que tengan ingredientes naturales bio. Hoy en día es mucho más fácil y muchas firmas los recolectan de cultivos sostenibles. Leo con mucha atención su composición, porque muchas veces incluyen perfumes o derivados del petróleo. Si están hechos a mano, mucho mejor. Y si tiene un embalaje mínimo y reciclado es otro factor determinante de compra.

Junto con mi pastilla de jabón suelo usar esponjas de baño naturales. Existen muchos modelos, pero para los cuidaos de mi piel alterno la tipo Luffa y una manopla de cáñamo. Las dos son de origen vegetal y tienen cualidades exfoliares para eliminar las células muertas de la piel. Más allá de limpiar, activan la circulación, mejorando el aspecto de la piel y actuando contra la celulitis.

No se recomienda usarlas en pieles irritadas o con quemaduras. Hay que tener especial cuidado, porque pueden provocarnos lesiones. No sólo es importante elegir una buena esponja de baño, sino además conservarla en las mejores condiciones para alargar su vida. Lo ideal es enjuagarla bien y guardarla en un sitio donde puedan secarse de forma natural para el próximo uso. Si tenemos más de una, como es mi caso, las colgaremos por separado.

Para mi limpieza facial he optado por reducir al máximo los residuos, siguiendo la filosofía de «cero residuos». He sustituido las toallitas desmaquillantes húmedas por una toallita reutilizable. Es de algodón orgánico sin blanquear. Tiene una textura muy suave que deja mi rostro y cuello limpios y con mucha luz. Es ideal para uso diario, porque puede lavarse fácilmente para utilizarla de nuevo. El perfecto aliado para unos cuidados de belleza naturales. Como producto de limpieza uso aceite de oliva o aceite de coco con el que consigo retirar el maquillaje y no irrito mis ojos.

Con esta medida cuido el planeta, mi piel y mi bolsillo.»

Al lado de mis aceites vegetales guardo mi protector labial natural, que ha sido uno de mis descubrimientos del año pasado. Reconozco que no me convencía al principio cuando lo probé la primera vez, pero ahora es uno de mis imprescindibles. Estaba tan acostumbrada a la textura y el brillo de los labiales convencionales hechos con derivados del petróleo, que me costó volver a los verdaderos orígenes de las ceras naturales. Después de usarlo varias veces fue cuando puede ver y sentir sus beneficios.

A la hora cuidar y proteger mis labios prefiero los productos sin conservantes, colorantes, perfumes sintéticos, ni sustancias de origen petroquímico y cuyos ingredientes sean de origen bio. Mis labiales favoritos son los que están hechos a base de manteca de karité, aceite de jojoba o ceras de abeja. Aunque para mí, la cera de abeja es el ingrediente rey que envuelve los labios en un manto protector duradero y que proporciona un ligero brillo de aspecto saludable y elegante.

Y por último, desde hace dos veranos sólo uso protectores solares naturales, con filtro físico y certificación orgánica. La exposición solar es cada vez más peligrosa debido al cambio climático que afecta a la capa de ozono. Los rayos ultravioletas (UV) son una forma invisible de radiación. Éstos penetran la piel y pueden dañar las células, causando lesiones como quemaduras, manchas y arrugas. Por eso es tan importante protegerse del sol durante cualquier estación del año y a cualquier temperatura.

A esto hay que sumarle el peligro de usar cremas y protectores solares llenos de filtros solares químicos (algunos incluso sospechosos de producir cáncer y otras muchas alteraciones de la salud). Los protectores químicos son altamente tóxicos y son capaces de cruzar la barrera de la piel y otros tejidos. Como alternativa existen los protectores minerales que llevan ingredientes como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, los cuales crean una barrera física que protege la piel del sol.

Todos estos productos forman parte de mis cuidados de belleza diarios. Unos perfectos aliados para cuidarme y mimarme de manera natural y saludable. Después de ordenar y organizar me he quedado solo con lo esencial y he creado mi espacio de belleza minimalista, que es mucho más motivador para mantener mis nuevos hábitos. Estoy realmente satisfecha con el resultado.

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