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Fin de año

La Nochevieja tiene un especial significado para mí. Se ha convertido en el día más importante de las fechas navideñas. Me gusta despedirme del año con alegría, haya sido como haya sido. Hago un ejercicio de reflexión sobre los últimos 12 meses y doy las gracias por todo lo vivido (lo bueno y lo malo). También doy gracias a las personas que han compartido, de la manera que sea, este último año. Incluso el peor de los enemigos es un maestro encubierto que te enseña grandes lecciones.

Y es que el último día del año es un momento idóneo para hacer balance, que nos permitirá analizar nuestra situación actual. Conocer que objetivos hemos alcanzado o no, dibujará un mapa que nos mostrará la ruta a establecer para el nuevo año. Sólo sabiendo a dónde queremos ir podremos saber que camino seguir.

Es necesario poner el contador a cero y establecer nuevos propósitos o rediseñarlos a nuestras nuevas necesidades. Una herramienta efectiva para conseguirlo es incorporar hábitos saludables en nuestro día a día. Según la “Teoría de los 21 días” de Maxwell Maltz, ése es el número de días consecutivos necesarios para adoptar una nueva costumbre. Aunque personalmente creo que la cantidad más idónea (y dependerá del hábito que queramos integrar) oscila entre los 60 y los 75 días. 

Son muchos los hábitos que sirven como palanca para llevar una vida mucho más equilibrada, como son comer sano, dormir ocho horas y practicar ejercicio con regularidad. Pero existe otro tipo de hábitos que resultan un desafío integrarlos en el día a día y que tienen mucho que ver con la manera en cómo decidimos hacer las cosas. 

Estoy hablando del hábito de la excelencia. Pocas son las personas que la consideran como tal, pero no podemos olvidar que es una postura ante la vida. Es la determinación que toma una persona en hacer lo que se propone de una manera mucho mejor de cómo suele hacerlo. Se trata de una actitud por superarse uno a sí mismo cada día. 

En nuestra vida a veces suceden cosas que no nos gustan y que nos provocan dolor, sufrimiento y malestar. Puede que no podamos elegir lo que nos sucede, pero si podemos escoger cómo queremos vivirlo. Básicamente es asumir una actitud vitalista y proactiva para hacernos responsables de nuestros pensamientos y emociones.  

Ya lo explicaba el psiquiatra austriaco Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”, en el que relata su experiencia personal en un campo de concentración nazi y cómo consigue sobrevivir a los mayores horrores que puede experimentar un ser humano gracias a lo único que nadie puede quitarnos: la elección de cómo tomarnos lo que nos pasa. 

Así que para año nuevo, he tomado la determinación de integrar el hábito de la excelencia. Lo más interesante es que se puede aprender a ser excelente. Es sólo una cuestión de práctica, que consiste fundamentalmente en poner atención en el detalle de cualquier cosa que hagamos y que dará más valor a cada pequeña tarea que realizamos. Es ponerse en acción desde la eficiencia.

Se trata, sobre todo, de dar lo mejor de uno mismo en cada cosa que hagamos, lo que nos comprometerá al 100% con la vida y, por tanto, con nuestro propósito. Cuantas más veces pongamos en práctica la excelencia, más profunda será la huella que dejemos en los demás, que es lo que verdaderamente importa y que da sentido a la vida: ayudar y servir a los demás.

Y como dice el refrán: “Así como haces algo, haces todo”. Al final, somos una suma de las cosas que hacemos cada día. Ya lo decía el filósofo Aristóteles:

“Somos lo que hacemos día a día.

De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito.”

Todo nuevo hábito requiere de un tiempo y de un espacio necesarios para ver sus resultados. Es contraproducente agobiarnos antes de tiempo queriendo alcanzar la meta final. Lo ideal es marcarnos pequeños objetivos diarios que nos ayudarán a mantener un nivel de motivación alto para su consecución. Así, poco a poco, iremos añadiendo más dificultad o esfuerzo a medida que vayamos adquiriendo confianza. 

Lo más importante es vivirlo como un reto personal en el que las reglas del juego las diseñas y las marcas tú cómo quieras y cuando quieras. El cambio de actitud se producirá si nos mantenemos firmes el mayor tiempo posible. Es una cuestión de ser honesto contigo mismo.

También es muy importante el momento de gratificación. Cada vez que consigas superar tu meta diaria/ semanal/ o la que tú te marques prémiate de alguna forma. Puede ser desde darte un capricho a descansar un poco más ese día. Eso también lo eliges tú. Mi recomendación es que sea coherente con el objetivo que te has marcado. 

El nuevo año representa una tábula rasa donde hacer borrón y cuenta nueva. Es una ocasión para iniciar aquello que nos propongamos con una energía renovada. Marcarnos nuevos objetivos es sólo el principio para cambiar tu vida a mejor. 

Este nuevo año nos trae 365 días llenos de oportunidades. Aprovechemos el ratito que pasamos por aquí con la mayor gratitud. Y la mejor manera de ser agradecidos con la vida es celebrar que somos felices . Así que os propongo dar la bienvenida al nuevo año con los mejores propósitos. 

Os deseo feliz y próspero año 2019. 

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