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El orden como transformación personal

Terminé de ordenar mi casa al fin. Lo hice en menos tiempo que la primera vez. Y, por supuesto, conseguí deshacerme de muchas más cosas que en mi primer maratón del orden. Tras varios días de trabajo, por fin me tomé un merecido descanso. Ahora tocaba disfrutar de los resultados obtenidos tras dejarlo todo como quería. Es más, decidí premiarme con un delicioso brunch en mi cafetería favorita. Y es que todo sabe mejor cuando se tiene satisfacción por el trabajo bien hecho. Celebrar los progresos, por pequeños que sean, es la mejor forma de decirle a la vida que quieres más momentos así de felices.

Pero lo realmente interesante de cuando has terminado de ordenar tus espacios físicos, es la huella que deja la toma de decisiones que realizas durante todo el proceso. Se adquiere una mayor seguridad y confianza en uno mismo. Se refuerza nuestra voluntad de cambio. Igualmente, la mera sensación de bienestar de verlo todo ordenado y en armonía fortalece nuestra determinación. Es un momento muy especial, porque al quitarnos de la carga de muchos de los objetos que nos lastraban, obtenemos una sensación de ligereza y libertad. Nos sentimos mucho más capaces de hacer cualquier cosa.

Es como si se abriera una brecha temporal, gracias al reciente espacio creado, en la que se expandiera un campo de potencialidad pura.»

Sobre todo, cuando nos hemos desprendido de gran parte de las pertenencias a las que estábamos realmente apegados. Se produce una renovación personal, en la que nos planteamos una vida más ajustada a nuestras inquietudes y pasiones. Nos marcamos nuevos objetivos y nuevas metas. Es una oportunidad para alcanzar lo que nos propongamos, introduciendo nuevos hábitos que nos alejen de las viejas costumbres que nos llevaron a la desidia. Estamos expuestos a tantos estímulos exteriores, principalmente procedentes de la publicidad comercial, que ya no nos cuestionamos nada. Damos por bueno todo. Dejamos nuestro poder de decisión en manos de otros, que nos indican como vivir nuestra vida.

Llegamos a estar completamente anestesiados. Por ello, cuando nuestro desorden exterior se organiza, podemos percibir de manera más clara cómo nos encontramos interiormente. Al eliminar todo lo que nos distrae, tenemos mayor acceso a nuestro poder interior y, como consecuencia, aumenta nuestra energía vital.

El orden y la organización son una poderosa herramienta transformadora que nos ayuda a conectar con nosotros mismos. Podemos apreciarlo a distintos niveles. El principal, y el más obvio, tiene que ver con el sentido visual, con el que podemos distinguir si una habitación está ordenada o no. Aunque los niveles más interesantes son los que se manifiestan en los cambios menos tangibles. El valor que ofrece el orden va mucho más allá de la mera organización. Y es que los verdaderos cambios vitales se producen de dentro hacia fuera.

Todo cobra una dimensión diferente. Se reafirma nuestra autoconfianza y aprendemos a tener mayor autocontrol respecto a los estímulos exteriores. Tenemos mayor consciencia de las distracciones. Consumir y acumular objetos, ya no es prioritario. Nuestro interés se centra en nuestras emociones y sentimientos. Apostamos por nuestro crecimiento personal, por encontrarnos cada vez mejor y por ser cada día más felices con lo que tenemos. Ahora es posible encontrar la manera de conectar con nuestra esencia, gracias al entorno de paz y silencio que hemos creado ordenando.

Se conforman una radiografía que muestra nuestra manera de consumir y de cómo gastamos nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestra energía. Sobre todo, de cómo dejamos que los objetos nos poseen, en lugar de poseerlos nosotros para darles un uso adecuado y real. Se puede decir que el proceso de ordenar es como una terapia de choque y el resultado un análisis que nos permite comprender qué está mal en nuestra vida. Es la perfecta llamada de atención para volver a cuidar aquello que hemos descuidado.

En mi experiencia, la transformación me ha llevado a otra comprensión sobre este asunto. Ya no se trata de ordenar como tal, puesto que ya hice el maratón del orden, como le llama Marie Kondo. Aprendí a ordenar de manera efectiva y el método KonMari quedó interiorizado. Se trata de quedarse con lo verdaderamente imprescindible, si podemos llamarlo así. Aunque para cada uno lo imprescindible puede ser muy diferente. Es el momento de crear la vida que deseamos, más allá de tener nuestra casa ordenada, que tiene más que ver con tener menos y vivir más.

Es, como yo lo veo, ordenar de otra manera. Es poner en orden las prioridades que nos ayudarán a materializar la vida que queremos, eliminando todo lo que nos ancla a un estado anterior. Es poner foco en todo aquello que vibra con nuestro proyecto de vida. Es fluir con la vida y aceptar que lo que ocurre es lo mejor en cada momento, lo que facilita el proceso de selección de cada una de las cosas que queremos rodearnos. Ahora mi propósito es volver a los orígenes, a lo básico, a lo esencial, a lo natural. En definitiva a lo primitivo. Sobre todo, iniciarme en una vida más sencilla y minimalista.

Fue así cómo mi interés, respecto a los cambios invisibles que experimentamos con el orden, ha ido incrementando con el tiempo. Después de leer a Marie Kondo, he continuado documentándome en Internet y con otros libros sobre el tema. La cultura oriental es, en este sentido, pionera y fuente de conocimientos e inspiración al respecto. Para ellos, la limpieza y el orden van más allá del mero sentido de higiene y de estética, que ya es mucho más que el nuestro. Consideran la energía como el elemento que forma parte de todo lo que nos rodea y que, por tanto, ha de ser tratada con respeto. Sin olvidar, que fueron los precursores del minimalismo.

Admito que toda esta exploración de lo que conlleva el proceso del orden me apasiona. Son tantas las virtudes que ofrece, que cuando las descubres, siempre quieres más. Es una forma de iniciarse en el camino del autoconocimiento, cuya recompensa es infinita. El desarrollo personal nunca acaba. Siempre hay algo que aprender o mejorar. Lo que hace la vida más interesante y divertida.

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